Plácido Pistón Notas Biograficas
Ver Notas de Prensa
Proximas
Exposiciones
Currículum
Profesional
Ver
Fotos Divertidas
Escultura
Acero Corten
Escultura
Acero Inoxidable
<
Pablo Picasso > <
Eduardo Chillida > <
Pablo Gargallo > <
Salvador Dalí > <
Juan Gris > <
Joan Miro > <
El Dorifor >
|
Hay tres
referencias al tiempo en la escultura. La primera remite al período de
ejecución de la obra. La comparación con otras artes y sobre todo con la
pintura surge de inmediato. Sin entrar en el problema de la calidad, de
ordinario se requiere más tiempo para esculpir que para pintar. Influye mucho
en ello la fase preparatoria. Los grandes maestros incluso han acudido a las
canteras para escoger sus bloques. El desbastado de esos pesados bloques, que en
el estudio se mueven con dificultad, es operación fatigosa y lenta.
Hay otra connotación temporal: la duración. En
la polémica entre pintores y escultores, éstos aducían que la escultura es más
duradera, lo cual es cierto si se piensa en el mármol y el bronce. Pude
sostenerse que las estatuas egipcias presentan hoy casi el mismo aspecto que tenían
recién acabadas, cosa que no puede decirse de su pintura.
Pero hay una referencia que especialmente interesa aquí:
la dimensión temporal sugerida por la misma obra, contenido puramente
artístico que puede ir de lo eterno e inmutable a lo efímero e instantáneo y
que afecta al contemplador. Una obra de arte no existe por sí misma; no es
concebible su narcisismo. El destinatario está alrededor.
La Esfinge de Gizéh sigue mirando con sus ojos
petrificados el nacimiento del sol, inmóvil y sabedora de los arcanos divinos.
Así, eternas, se muestran también las estatuas de los dioses y faraones del
antiguo Egipto.
El tiempo de los griegos también se expresó al
principio como eterno, pero poco a poco el desarrollo de la civilización impuso
un tipo de vida más cercano a lo práctico; con el consiguiente sentimiento de
la caducidad y lo transitorio que testimonió la escultura. De la intemporalidad
de los kuroi arcaicos -monumentos al heroísmo- se fue accediendo al análisis
de los ejercicios físicos y a actitudes que reflejan la transitoriedad
despaciosa, tan característica de la estatutaria clásica. Esa Atenea
pensativa del Museo de la Acrópolis de Atenas representa una larga meditación.
El Discóbolo de Mirón es menos dinámico de lo que pudiera parecer, y
algunos han censurado su inmovilismo, propio de un relieve. Lo cierto es que allí
se representa el lento proceso de concentración de un atleta. Se trata de un
transcurrir lento, que es el tiempo del clasicismo. Las esculturas definen
acciones en su despacioso discurrir.
Aparece después una temporalidad fugaz en los
gestos naturalistas del siglo IV, como la sonrisa, y un tiempo concentrado en el
período helenístico. Se procura decir todo a la vez, como en el Laoconte.
El relato de Virgilio está lleno de pormenores heroicos y trágicos; surgen del
mar las serpientes, entran en Troya y se enroscan en los cuerpos de Laoconte y
sus hijos. Pero el escultor lo refiere todo de golpe, en un instante. En el
grupo está el dolor físico, el moral y el psicológico, es de tal intensidad
que el espectador no puede soportar que el sacrificio se prolongue.
Esta experiencia del tiempo es una constante de la
escultura. El San Jorge de Donatello (Florencia, Museo del Barguello),
firme e inmutable, apoyado en los pies y el escudo, mirando de frente, decidido,
representa un reto a la eternidad, un canto a la juventud. Miguel Angel nos
sumerge en la meditación de Lorenzo de Médicis y acorta el tiempo en el
Moisés, cuyo rostro se enciende, se expanden los músculos, la figura
parece estar a punto de incorporarse y romper las tablas.
Bernini es ya el tiempo breve. Las apariciones que
describe (Santa Teresa, Constantino) se producen súbitamente e intenta,
además, expresar el cambio de naturaleza: en el grupo Apolo y Dafne,
apenas el dios pone los dedos en el cuerpo de su perseguida, ésta comienza a
transformarse en un laurel. Es la menor fracción de tiempo expresada por la
escultura.
|