El fin que se propuso Cervantes en el Quijote fue el de exterminar los libros de caballerías; no hay que suponer en él una segunda intención, ni filosofía oculta. Cervantes mismo lo afirma repetidas veces que su único propósito fue acabar con la literatura caballeresca; y, si hace a las veces una que otra alusión, no le anima ningún móvil mezquino, ni su libro entraña nada de simbólico. Empeñados algunos cervantistas en descubrir nuevas trazas e invenciones en el Quijote han dado en la flor de imaginarlas a toda costa.Mas si Cervantes hubiera querido decir algo arcano en su Quijote, y que leyéramos entre renglones, por decirlo así, su pensamiento oculto, ni a él ni a nadie serviría esto de provecho. Para Wínkelmann, por ejemplo, nota Valera, no sería mayor el mérito de Apolo de Belvedere, porque un alambicador anticuario viniese a demostrar, que tal pie lo tiene la estatua en tal postura para significar tal cosa; tal mano para explicar o indicar tal idea; que con las orejas denota esta o aquella máxima de filosofía; que con las narices simboliza uno de los misterios más hondos de Samotracia; que con el pecho, modelado de cierta manera, da razón de todo el saber de Orfeo, y que con la espalda y los muslos pone en claro toda la aritmosofía de Pitágoras y todos los recónditos proféticos conceptos de las sibilas. Wínkelmann diría que todo esto no valía nada en comparación con la belleza artística de Apolo, y que el Apolo era la admiración de los hombres, no porque enseñaba aquellas cosas, sino porque realizaba la hermosura en el grado más sublime de perfección; porque era el más alto ideal del arte, que de la antigüedad se conserva… ¿A qué propósito había de haber guardado Cervantes, bajo el sello del hieroglífico, esas útiles y grandísimas enseñanzas? ¿Qué filósofo, ni qué sabio hizo jamás tal cosa?.
Don Pedro Esteso Carnicero Historiador y Concejal de cultura del Ayuntamiento de Valverde de Júcar lugar de paso del Ilustre e Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha en su ruta por Tierras de Cuenca |