Triunfo de Cervantes.- Tuvo bien pronto Cervantes la satisfacción de ver conseguido su intento. Los libros de caballerías, puestos por él en ridículo, fueron sepultados para siempre en el olvido. Acaso, pues, se dirá que la ha pasado al Quijote su época, y que no tiene ahora mayor interés su lectura. No, de ninguna manera, responderé con un eminente escritor: “por más que el fin ostensible del autor esté, siglos ha, conseguido; por más que no se lean ya libros de caballerías, agrada y sorprende y enseña el Quijote hoy como cuando fue divulgado, porque las condiciones de verdad, bondad y belleza que junta, no son transitorias; porque hay todavía, y nunca dejará de haber escritos de errónea doctrina, muy capaces de seducir, de enloquecer y formar Quijotes; porque hay y habrá siempre quien se deje llevar de un deseo irrealizable, hijo de una fantasía sin freno, y corriendo por la senda de la vida a ciegas, dará con la frente en duros obstáculos, que le arrojarán al suelo despechado y herido.”. Cervantes, advierte muy acertadamente Gil de Zárate, se ha puesto al lado de Homero para ser eterno con él, y para embelesar todavía más las generaciones. Espejo ejemplarizante de Don Quijote y Sancho.- El genio original y creador de Cervantes se ostenta sobre todo en la pintura de los caracteres. Son de admirar especialmente los de don Quijote y Sancho Panza, los cuales puede decirse que simbolizan toda la ficción. Estúdiense ambos tipos, cuyo contraste encierra un fondo inagotable de gracia, y se verá cuánto hay en ellos de cuerdo y verdadero, a pesar de tanta locura y extravío. Don Quijote es un visionario continuamente delirante en un mundo fantástico. Sancho Panza es tan material en sus inclinaciones, que aun del mundo real no entiende sino lo que puede satisfacer sus groseros apetitos. Sancho conoce lo ridículo de la exaltación de su amo: don Quijote reprende en su escudero la bajeza de sus pensamientos: uno y otro discurren bien cuando no se toca a su respectiva manía. Don Quijote al servicio de un ideal racional y posible, sería un héroe o un mártir; su amor al bien y a la justicia, su abnegación y su valor, son cosas bellas y nobles, pero mal encaminadas y malgastadas en objetos indignos y empresas imposibles. Sancho, con sentido práctico y algo de ideal y elevación de miras, sería el buen sentido y la sana razón. Dése al primero el convencimiento de la realidad, que le falta, y al segundo el sentimiento de lo ideal, de que carece, y ambos dejarán de ser ridículos para ser perfectos en lo humano. Por eso ambos inspiran juntamente burla y respeto, risa y simpatía. Para el alma noble, Don quijote, más que objeto de escarnio, lo es de amor y de compasión respetuosa. Su locura tiene más de sublime que de ridículo. La sencilla credulidad de Sancho y su natural deseo de mejorar de fortuna constituyen el elemento cómico de su carácter. Pero un entendimiento claro y elevado no es la sola prenda por donde los hombres se hacen amar y respetar de sus semejantes. La bondad, el candor y la dulzura, inspiran amor y le reclaman. En este sentido Sancho es amable. Con justicia le llamaba don Quijote, Sancho bueno, Sancho discreto, Sancho cristiano y sincero. Los personajes del Quijote tienen algo que honra a la naturaleza humana. La ingénita benevolencia de Cervantes y su cristiana caridad resplandecen en el respeto que muestra a toda criatura hecha a imagen y semejanza de Dios. Esos personajes, descritos con singular propiedad, quedan fijos e indelebles en la mente: el animoso caballero, de complexión recia, alto de cuerpo, seco de carnes, enjuto de rostro, entrecano, la nariz aguileña y algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos, y el escudero de barriga grande, de talle corto y las zancas largas, simple y hablador, costal lleno de refranes y de malicias, existen en la memoria de cuantos los conocen, con más vida que ninguna otra creación del talento humano. Don Pedro Esteso Carnicero Historiador y Concejal de cultura del Ayuntamiento de Valverde de Júcar lugar de paso del Ilustre e Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha en su ruta por Tierras de Cuenca |