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Bien
claro lo dice el propio Cervantes en el magnífico prólogo de su universal
obra:
“Desocupado lector,
sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del
entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que
pudiera imaginarse; pero no he podido yo contravenir a la orden de naturaleza;
que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podría engendrar
el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco,
avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de
otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda
incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? El
sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los
cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte
para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al
mundo que le colmen de maravillas y de contento. Acontece tener un padre un
hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los
ojos para que no vea sus faltas; antes las juzga por discreciones y lindezas y
las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco
padre, soy padrastro de Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso,
ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo,
que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres (…)
Sólo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni
de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y
elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir
que, aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que
hacer esta prefación que vas leyendo.
Muchas veces tomé la pluma para escribirla y muchas la dejé, por no
saber lo que escribiría; y estando una suspenso, con el papel delante, la
pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo
que diría (…)”.
Don Pedro Esteso Carnicero Historiador y Concejal de cultura del
Ayuntamiento de Valverde
de Júcar lugar de paso del Ilustre e Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la
Mancha en su ruta por Tierras de Cuenca
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