Plácido
Pistón Notas Biograficas
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EL POSTISMO MANIFIESTO POSTISTA
El Postismo, pues delinda totalmente de los márgenes que se impone el
surrealismo, y con él no tiene en común más que la fuente de inspiración
subconsciente totalmente libre.
A La pregunta que se nos ha hecho de cómo nació el Postismo hemos
contestado, con forma simbólica y expresión plástica: "Por la imagen que
tuvimos de un hombre que se ríe sentado y fuma con la mano y con la boca".
André Bretón, el pontífice del surrealismo, dice que adivinó la posibilidad
surrealista al oír a su subconsciente casi murmurarle al oído la siguiente
frase: "Il y a un Homme traversé par ma fenêtre."
El postismo es, no esencialmente, sino especialmente un post-surrealismo, y
en buena parte un post-expresionismo. Pero es también un post-dadaísmo. En mínima
parte un, un post-cubismo. Mientras tan sólo históricamente es un post-ultraísmo,
un post-futurismo, un post-realismo, etc. Es, pues, por descendencia o por
paralelismo o por oposición, o sencillamente por sucesión histórica o cronológica
un verdadero postismo.
Los llamados perezosamente "ismos" son: una época (romanticismo),
o un estilo (Modernismo ¬ dicho también estilo floreal ¬),o una escuela de
manera (impresionismo),o de técnica (divisionismo), o de inspiración
(neoclasicismo), o un movimiento estético (cubismo), o un movimiento ideológico
(surrealismo), o un fenómeno racial (ultraísmo o futurismo), o confusamente un
conjunto de aspectos comunes a un determinado momento (novecentismo); y pueden
tener los siguientes caracteres: si no son espontáneamente nacidos (como ya se
ha dicho en del complexo romántico), son voluntariamente provocados y se
autodefinen y se autonombran más o menos propiamente; pudiendo estos últimos
diferenciarse, en razón de formación, de ésta manera: los personales (archipenkismo,
ramonismo), los especialistas (botellismo), los elementales (negrismo, dadaísmo),
los anarquizantes (futurismo), los filosófico-renovadores (surrelismo,
metafisicismo); además pueden dividirse aún en tres categorías: los que
pretenden crear un orden nuevo empezando desde un principio ( dadaísmo,
futurismo, etc.), los que se valen de lo existente sin miras a progresar
(cubismo), y los que valiéndose de los existentes tienden a concretar los elementos
primordiales puros (postismo).
Los "ismos" son, por lo general, creacionistas (alguien los llama
"creacionismos"); el Postismo, pues es creacionista, pero también
revisionista.
Pretenden algunos grupos y ciertas tendencias filosóficas que para hallar el
"orden nuevo" en el momento de decadencia es necesario volver a
empezar de nuevo: tomar el arranque desde el primer movimiento semiconsciente,
desde la oscura interjección y la primera articulación del sonido-palabra o
del sonido-canto, y volver a fabricar con arcilla y manos el primer puchero y
con sílex y mango la primera arma; y así llegar a otras nuevas civilización-cultura
y civilización-arte, con otra edad de oro en que la humanidad sea más feliz...
Y esto, rápidamente. Pues el apremio de las necesidades inmediatas y de los
todopoderosos elementos (negativos, según ellos) en lucha, no concede largos
plazos. Nosotros, los del Postismo, opinamos perfectamente lo opuesto; es cuestión
de método.
El Postismo recoge la herencia de otros "ismos", acepta la enseñanza
y ejemplo de lo consagrado (a pesar de todos los grajos negros que
rebuznan bien agarrados con sus endebles patas a la rama de la envidia) y llega
arañando y exhalando gritos de contento hasta los fósiles para ir buscando,
patas arriba y con ruedas, y andando retrogradamente lo "redondo del
postismo".
La música es, de las manifestaciones libres, la más postista porque es la más
abstracta; es también la más, la única, perfectamente patética. Pero la poesía
es la más completa, porque participa de las condiciones de lo móvil (progresión),
de lo inamovible (materia) y de lo perspectivo (imagen), condiciones elementales
que entrañan las posibilidades musical, corpórea y plástico-visual, siendo ésta
última, la pictórica, la más noble de las no se por qué llamadas artes, pues
es la que realiza el acoplamiento de lo materialmente creado, objeto afín a si
mismo y de lo ilusorio, ficción perfecta.
En la música tenemos, como en las letras, teatro, danza o cine, la sucesión
en el tiempo o el espacio, y la materia (sonido); la imagen no existe, nace únicamente
por sugestión. En la pintura falta la sucesión (si no se eceptúa los fenómenos
que pudieran surgir del políptico ¬ La Ilustración es otra cosa ¬ o
simplemente del nexo de la obra con su titulo, en cambio son, son elementos
suyos la materia y la perspectiva (cuarta dimensión);
también la escultura posee estas características, con la diferencia de que
goza de las cuatro dimensiones, mientras a la pintura le falta la tercera; el
color, que es el sentido musical de la pintura, corresponde en la escultura a
otro elemento de que sólo disfruta la escultura misma y la arquitectura: el
tamaño.
De éstas observaciones y de la definición del Postismo vemos el orden
decreciente de las posibilidades postistas en estas varias manifestaciones
siendo la penúltima la escultura y la última la arquitectura (en la que no
cabe postismo propiamente dicho, a no ser en modalidades de estilos que, como
era, coincidieron con el movimiento).
El expuesto orden corresponde casi totalmente con el establecido por la
antroposofía, que es, cronológicamente en el desarrollo de las artes el
siguiente: arquitectura, escultura, pintura, música, poesía, euritmia.
Nosotros, como se ha visto, damos la preferencia a la música sobre la poesía.
La tragedia y la danza son inherentes a la una y a la otra. El cinematógrafo,
que contiene todas las artes y ofrece por consiguiente las mayores
posibilidades, ha sido tan horrorosamente descuidado, y lo sigue siendo, que no
merece por el momento especial atención, La euritmia no podemos considerarla
como arte exenta por hallarse en nacimiento y, si acaso, distribuida como
característica en las demás manifestaciones; pero, indudablemente, el Postismo
saca ya buen partido de ella (euritmia-buen ritmo). La caza y la pesca, y en
menor proporción los demás deportes y juegos (sobre todo los naipes), han
encerrado desde siempre elementos del Postismo y se encuentran en la misma
situación, para nuestro discurso, que la euritmia.
Cazando las palabras en el aire, máximo ejercicio del Postismo, será ésta
la mejor ocasión para hablar del "juego".
Alguien ha dicho sin trascendencia, y denigrando de nuestro Postismo, que más
que una cordial expansión de nuestros sentimientos era un "juego para
demasiado inteligentes". Y, en efecto, a veces quien cree poner el dedo en
la llaga, más bien una verdad sobre algo que tiene un valor positivo. Existe un
"juego". Juego divino que ha existido en todo creador. La creación es
quizá más que nada "recreación", recreo, divertimento, que, al
tratarse de poesía pura, o de alto pensamiento, o de alguna calidad príncipe,
encierra en sí la principal razón de ser de la belleza. Hay otras cumbres que
son tan sólo "juego" y en el Postismo el "juego" es ya la
base de su técnica. El simple ritmo en poesía o en música, es
"juego". La composición en pintura y arquitectura es
"juego". El retorno a una idea, una frase musical, una o unas
palabra-símbolo, o palabra-personaje, o palabra-clave, en las formas que tiene
sucesión, es "juego", y la rima, es "juego": y la
asonancia, es "juego"; y cierta forma de asociación, es
"juego"; y el contraste es "juego"; y el mismo ambiente anímico
o tonal-color, es "juego"...
Pero, ¿qué es precisamente el "juego" en el Postismo? Todo cuanto
se ha dicho, pero llevado a la categoría de técnica-base, o de factor
-principio de lo emocional directo (pues la técnica-base es factor emocional ¬
en éste segundo aspecto ¬ indirecto o coadyugante). Además, determinados
aspectos de relación y determinada preferencia (cuya expresión se descubre en
la repetición el insistir y la vuelta o retorno) por formas ideológicas, lingüísticas
de materiales o de objetos, así como una positiva diferenciación en todos los
elementos expresivos y expresables, hasta llegar a rozar el monstruosismo, el
desequilibrio y la desintegración, es del dominio del "juego". En el
ambiente constantemente en transformación y constantemente en movimiento de ese
perpetuo, repetido y alterno mecanismo de análisis y síntesis, en ese ver y soñar
recordar y perder, soltar y ganar, en el feliz y desinteresado casamiento del
alma corporal y del alma espiritual, de la razón y el instinto, de lo
subconsciente de lo sensorial y lo inteligente; en ese ambiente constantamente
en transformación y constantemente en movimiento se descubre la verdadera razón
o la consecuencia inevitable del "juego" postista.
Por consiguiente: el "juego" está en la espina dorsal de toda obra
postista (y de toda obra humana que caiga ¬ auténticamente ¬ en esa banal
palabra-definición arte ), pero suele estar más patente y despierto aún
en la técnica de toda obra postista (que en la mayoría de las obras humanas,
por lo que a los medios expresivos se refiere ¬ técnica ¬, eso que llamamos
"juego" queda adormecido, difuso o sofocado por la necesidad del
sentido vulgar ¬ el sentido común ¬ para su más fácil expansión, o por la
ignorancia y ofuscación en que nos postra la cultura, o por la pereza que, poco
a poco, se apodera de las facultades mentales cuando se ha mutilado o perdido el
habito de la imaginación). Y ésta certidumbre se hace clarísima si pensamos
que tan sólo la niñez se halla en estado de gracia. (¡Bendita niñez!, que
nosotros defendemos hasta el aburrimiento de quines quieran escucharnos. La
adolescencia posee el caudal de la fuerza ciega, pero ya semiconsciente y
abastardada; más por desgracia, ya ha malgastado gran parte de su herencia
imaginativa. Y el hombre maduro de nuestros tiempos, después de perder toda su
imaginación, pierde también su espontaneidad: es en ese momento horrible
cuando, lleno de falsa experiencia, es presa de egoísmo.)
Todo lo que gana el hombre en cultura y en experiencia lo pierde en pureza de
espíritu. Y tres elementos poderosos se conjuran para cohibir el impulso
imaginativo y mirar los más elementales principios de la sensibilidad: el
precedente de las antiguas escuelas, la cultura general y la vulgaridad del
gusto de los públicos.
Pero no se crea que nosotros tenemos nada contra los mencionados elementos.
Las antiguas escuelas merecen todo nuestro respeto como testimonio que son de
momentos sublimes en que, allá en los años, factores múltiples se reunieron;
no seremos nosotros quienes preguntarán a los desaforados si conviene o no
incendiar el Museo del Prado. La cultura general concede gracias a la persona,
como la buena educación y el sentido de la honradez, y esto nos parece notable,
pero no nos impide consignar sus también deletéreos defectos. El vulgo, el
publico la gente, ¡extraño animal!, pide carne y no la toca; luego se alimenta
de carnaza. Pero, así como toda nuestra ira verdaderamente divina se dirige al
publico (que no al pueblo), también se vuelve a él toda nuestra clemencia
amorosa y didáctica. Nosotros no somos cerrados y herméticos, nuestro
movimiento se brinda a la gente, a esa gente que si no entiende no es
precisamente por su culpa; y se brinda principalmente a los humildes...
Y es el momento de decir a burgueses y burócratas, a ricachones y mandarines
que no queremos herirlos; que nuestro "ismo" es benigno y que hasta
los defenderemos de otros "ismos"; que nuestro movimiento no es
politico ni politiquero, pues es universal; que respetamos todo principio
religioso, puesto que somos libres y no nos importa que los demás lo sean (además,
en España somos católicos); que no somos iconoclastas, ni sexuales, ni
asexuales, ni asexuados, pues los problemas de lo sexual no nos interesan sino
como tales. Además, declaramos al vulgo espeso y amorfo, a los pobres artistas
cobardones y comodones que viven de su trabajo, que no los tocaremos, puesto que
el Postismo nada tiene que ver con lo que ellos hacen o creen hacer. Nosotros
hacemos Postismo para nosotros y para quien quiera oírnos o mirarnos; pero lo
hacemos como el hombre que fuma la pipa, y no por ello ha de dejar su muy
honorable oficio de fumista; o como el hombre que enreda con un violín en sus
ratos de ocio, y no por eso dejará de acudir a su oficina a tocar el piano en
la máquina de escribir. ¡Que le vamos a hacer, si los postistas somos, a lo
mejor, a tiempo perdido, también nosotros, buenos padrazos de familia!
Muchos nos atacarán; pero ¿de qué les valdrá, si será atacar a
fantasmas?
Muchos dirán también que no nos entienden; pero ¿y qué se nos da a
nosotros de que esos ellos no nos entiendan?
Se reirán de nosotros; pero ¿qué vale la risa del que se ríe sin ganas?
¡Qué solos vamos a estar, pero qué bien!
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Eduardo Chicharro (Madrid Enero de 1.945) [
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