Plácido
Pistón Notas Biograficas
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El Postismo, Punto de
confluencia de los istmos
La intención renovadora del Postismo, por encima de la labor
creativa desarrollada por sus miembros, se explica por el contexto espacial y
temporal en el que surge: España, en la década posterior a la guerra civil y
ante el predominio de una literatura sosegada y evasionista que representa el
movimiento Garcilasista, de corte neoclásico. Pero supone además intento de
conexión con la vanguardia europea cuyas lineas habla detenido la guerra civil
y esto de una forma orgánica, es decir*, con conciencia y propósito de
constitución de istmo (manifiestos, revista y estrépito) al modo europeo.
A pesar de las similitudes teórico‑prácticas con el
Futurismo, Cubismo, Dadaísmo o Surrealismo no podemos considerar al movimiento
español como una traducción o versión hispánica de uno de estos movimientos,
continuación por ejemplo de los propósitos planteados por el Surrealismo, que
no hablan tenido proyección en España sólo de una forma individualizada y
parcial. Desde nuestro punto de vista es, tal vez del mismo modo que en el
Romanticismo español, una tardía síntesis del espíritu dominante en la
Europa artística de un periodo concreto y, por ello, nueva configuración de
esos planteamientos. En cualquier caso y dada la importancia del surrealismo, el
movimiento postista es considerado desde sus inicios como versión trasnochada
del surrealismo francés, lo que genera una actitud de rechazo casi inmediata.
En esta cuestión inciden evidentemente razones extraliterarias.
La relativa ausencia de istmos en un sentido estricto en nuestro
país sitúa al Postismo casi como único ejemplo, lo que ha supuesto una
sobrevaloración de su papel bien positiva o negativamente, según la actitud de
los estudiosos.
Hemos planteado ya el papel del Postismo como revulsivo en la línea
estética predominante en los inicios de la posguerra española, que representa
la revista Garcilaso, pero destacamos también el esfuerzo por confluir
con los presupuestos vanguardistas detenidos por la guerra civil y que hablan
caracterizado la labor última de algunos miembros de la generación del 27.
La vinculación del 27 con el surrealismo, coincidiendo con la
estancia de Pablo Neruda en España y la revista Caballo Verde para la poesía,
se vió truncada en pleno proceso de gestación por la guerra civil. En
cualquier caso la relación del 27 con el surrealismo es indirecta, más bien
producto de la coincidencia con algunos presupuestos del Surrealismo. En los
miembros de esta generación no existió conciencia de grupo de vanguardia (a
pesar de la reunión mantenida en Sevilla con motivo del homenaje a Góngora) ni
propósitos encaminados a su creación. Los intentos marginales en que algunos
se vieron mezclados no llegaron a fraguar y, en general, con algunas
excepciones, no podemos definir como vanguardista al conjunto de los miembros
del 27, aunque existan obras que responden perfectamente a este calificativo.
Esta inexistencia de un movimiento de vanguardia posterior al
Ultraísmo colocaba así al Postismo como ejemplo tardío de Surrealismo español.
Todo esto no quiere decir que no pueda hablarse de Surrealismo en España, como
han pretendido algunos, sino que, en todo caso, la aportación española reviste
en líneas generales un acento particular. Aparte de lo que representó el
Postismo, existen en España autores plenamente vinculados a la ortodoxia
vanguardista, como muy bien expresan los estudios de Paul Ilie o Brian Morris,
por citar dos ejemplos.
[2] El Grupo surgido en torno a la revista tinerfeña Gaceta de Arte,
íntimamente relacionada con los principales miembros de la
"escuela" francesa, la obra de escritores como Agustín Espinosa, José
María Hinojosa o Juan Larrea, son también destacados ejemplos de surrealismo
español acorde con la ortodoxia del surrealismo europeo. o puede olvidarse además
la aportación directa de autores españoles a la vanguardia en las diversas
artes, a veces como motores esenciales de la misma en el contexto europeo:
Picasso, Dalí, Miró, Oscar Domínguez, Buñuel, etc.
En cualquier caso, dado que el Postismo cumplía esas
condiciones mínimas de s movimientos de vanguardia (manifiestos, revista, estrépito)
con conciencia clara propósito de sintetizar e introducir en España las
corrientes europeas de ;vanguardia, sería lógico interpretarlo como
Surrealismo español, a pesar de que en existen además otros ingredientes. De
hecho, el Postismo, del mismo modo que el movimiento dadaísta en Europa,
procede y se justifica en su dimensión de motor o activo ante una situación
determinada, en un contexto temporal y espacial ,concretos. Tras el absurdo de
la guerra civil y ante una poesía que ensalza la figura
Garcilaso como soldado y poeta modélico, el Postismo reacciona
con una actitud lúdica introduciendo el ingrediente del absurdo, el juego en la
creación estética, el automatismo surreal, la simultaneidad de planos de
procedencia cubista, una subterránea posición anti-institucional y la apertura
hacia los cauces del erotismo, sin olvidar tampoco un cierto sentido nihilista
paralelo al del Dadaísmo, rasgos que se explican por las circunstancias del
momento histórico en que surge.
Por estas mismas razones puede explicarse el rechazo con que fue
acogido y los ejemplos de minimización de su importancia posteriores. El
surrealismo español anterior a la guerra civil no había profundizado en
determinados aspectos. El postismo, la subversión de valores políticos y
sociales, la guerra declarada contra las instituciones, la moral o las
costumbres, la libertad total como motor de la existencia, e incluso la crudeza
y morbosidad del surrealismo francés tuvieron aquí eco aislado y no
constituyen rasgos caracterizadores de la vanguardia anterior al 36.
El caso de José María Hinojosa, cuya recuperación y estudio
es aún incipiente, ;resulta bastante significativo. Siendo uno de los pocos
prosistas del surrealismo español vinculado plenamente a la escuela francesa,
fue marginado claramente por ; contemporáneos y no sólo por su condición de
terrateniente andaluz, sino, sobre lo, por su abierta confesionalidad
surrealista tras su estancia en París. El mismo ;Guillermo de Torre considera a
Hinojosa como el único surrealista español y, de hecho alardeaba con orgullo
de sus contactos parisinos en el ambiente literario madrileño [3] lo que le
granjeó la enemistad y la burla de algunos miembros y precursores del 27. Si la
razón socioeconómica (señorito andaluz) pudo explicar en parte cierta
animadversión hacia Hinojosa, esta misma situación fue disculpada, sin
embargo, en Villalón, bien visto entre los del 27. La muerte de Hinojosa como
terrateniente no ha supuesto sin embargo una revitalización de su figura en la
posguerra, paralela a la de Villalón, y ello, tal vez por esa confesionalidad
como surrealista. No olvidamos la identificación que muestra la escuela de
Breton, sobre todo a partir de 1928, en la Exposición Internacional de
Amsterdam, con la línea ideológica marxista, y la militancia de sus más
destacados miembros en el partido comunista. A pesar de las disenciones y la
posterior postura del partido contra la tendencia, es explicable el rechazo en
la España de la posguerra contra aquellos autores más 0 menos identificados
con el Surrealismo y el silencio que recae sobre Larrea, Hinojosa, o
determinadas obras de los autores principales de la literatura anterior a la
guerra.
García Lorca queda así como poeta del Romancero Gitano, Juan
Ramón es el autor, sobre todo, de Platero y yo, como Alberti lo es de Marinero
en Tierra, por citar tres ejemplos. El Postismo nace pues con el estigma del
Surrealismo y de aquí los calificativos de revolucionarios, rojos, masones y
corruptores de la juventud con que son acogidos en la prensa sus promotores. No
hacía falta por tanto que el Postismo no mostrara explícitamente algún
contenido político para explicar su rechazo. Como movimiento de vanguardia el
Postismo conlleva un espíritu revolucionario que, aunque se traduzca a niveles
específicamente estéticos, tiene repercusiones en los demás campos a partir
del concepto de integración de la vida y el arte. Coincide además con el
hecho, casi inmediato al hundimiento del Postismo, del asentamiento de las bases
de lo que habría de constituir la literatura social, a partir de la revista y
el grupo Espadaña y determinadas obras en los diversos géneros: La
Familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, en la novela, Hijos
de la Ira de Dámaso Alonso en la lírica, Historia
de una escalera, de Buero Vallejo, en el teatro, son obras determinantes en
esta dirección de preocupación social y de literatura testimonial, que
predominan en la década de los cincuenta. A partir de esas fechas la
vanguardia, así como cualquier tendencia de orden esteticista (el grupo y
revista Cántico de Córdoba), quedan eclipsadas y corren subterráneas
hasta los inicios de los setenta. Tras la desintegración del Postismo,
suficientemente explicada por estas razones, el silencio se hace casi total
sobre los autores y las obras de corte vanguardista no sólo de la posguerra,
sino también de la vanguardia española anterior a la guerra civil.
Estas mismas causas que explican el silencio posterior son las
que determinan, por contraposición, la recuperación a partir de los años
setenta de todas aquellas manifestaciones que habían quedado de lado, desde el
Postismo al grupo Cántico, y al Postismo como movimiento surrealista español,
frente a los que postulan la inexistencia en España de dicho movimiento.
En definitiva, la valoración del Postismo debe hacerse sobre
todo a partir de su significación histórica dentro de ese fenómeno amplio que
denominamos la vanguardia, y que implica una doble dimensión: La vanguardia no
es sólo avanzadilla en el proceso de autorrenovación normativa propio del arte
actitud de reacción contra la fosilización de los lenguajes expresivos, sino
también sistematización de esas nuevas formas de estilo que abre con su
ruptura, creación de una obra reflejo de la nueva cosmovisión.
Dentro de ella habría que distinguir a los movimientos
emplazados fundamentalmente en la primera actitud, de reacción y ruptura, como
pudiera ser el caso del Dadaísmo, y con una clara vinculación a una situación
espacio‑temporal muy concreta (la primera guerra mundial), frente a
aquellos otros movimientos que se sitúan más en la segunda función, la creación
de una nueva cosmovisión a partir de las brechas abiertas por los primeros,
como sería el caso del Surrealismo. La existencia de unos puede explicar por
tanto la aparición de los otros y el valor del Postismo estaría, como en el
Dadaísmo, no en la obra que produce, sino en la actitud de reacción que
representa. Si en otros movimientos de vanguardia la obra representa poco frente
a la teoría, el Postismo lleva esto a su extremo, hasta el punto de que es más
extensa esa teoría que la creación postista. El movimiento pretendía haber
hallado su realización no sólo en el ámbito literario, sino también en las
artes plásticas y la música, a modo de un arte total, pretensión con la que
coincide la literatura experimental posterior, a la vez que los manifiestos
determinan también las conexiones con los restantes istmos.
Vamos a detenernos por ello en el análisis de los diversos
manifiestos, ya que poco más puede hacerse con el estudio de este movimiento:
La revista Postismo sólo llegó a sacar un número, al igual que su
sucesora Cerbatana.
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